El Centro Cultural Lola Mora, en San Salvador de Jujuy, comienza a cosechar reconocimientos internacionales y a consolidarse como un nuevo atractivo cultural del norte argentino. La obra, concebida por el arquitecto tucumano César Pelli, fue distinguida por su propuesta arquitectónica y por el proceso de gestión pública y privada que permitió concretarla.

“Hoy el museo entendemos que es un gran llamador en el norte argentino, que ha posicionado a San Salvador en particular, pero al norte en general como una opción muy interesante como destino cultural”, afirmó Ramiro Tejeda, secretario de Planificación del Ministerio de Infraestructura de Jujuy, en diálogo con LA GACETA.

El funcionario, que estuvo a cargo del proceso de planificación y construcción del edificio, destacó la repercusión que tuvo el espacio desde su inauguración, hace poco más de tres meses. Según explicó, el público llega tanto por el legado de Lola Mora como por la arquitectura de Pelli, en una propuesta que reúne dos figuras fundamentales del arte argentino.

“Hay una sinergia entre ambos artistas. Cada cual tiene su público, cada cual genera su expectativa para llegarse hasta el museo, pero después, en la recorrida, la experiencia es fantástica”, señaló. Y resumió la propuesta con una definición: “Es una obra de arte que contiene seis obras de arte”.

Los premios y el desafío de concretar la obra

Uno de los reconocimientos llegó en el marco de la XX Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, donde el equipo jujeño fue invitado a exponer la experiencia del Centro Cultural Lola Mora. A diferencia de las presentaciones tradicionales, centradas en el diseño arquitectónico, la exposición puso el foco en el proceso que permitió llevar adelante el proyecto.

“Nos tocó exponer el proceso de la obra de arquitectura, todos los pasos que tuvimos que ir dando para que esto se pudiera finalmente concretar. Fueron casi ocho años de una experiencia en donde tenemos anécdotas de las más variadas”, explicó Tejeda.

El funcionario destacó que los reconocimientos también ponen en valor la continuidad de una decisión política que atravesó dos gestiones provinciales, las de Gerardo Morales y Carlos Sadir, y la articulación entre el Estado y el sector privado.

El Centro Cultural Lola Mora recibió dos premios internacionales: el legado de César Pelli en Jujuy

“Entendemos que es la gestión pública y privada, porque ha sido fundamental la participación de la empresa Panedile”, indicó. En ese sentido, recordó las dificultades que implicó construir un edificio con características particulares y conseguir los materiales necesarios en un contexto económico complejo, especialmente por las restricciones y los obstáculos para importar.

El proyecto también incorporó criterios de sustentabilidad. Según detalló Tejeda, uno de los objetivos es que el edificio obtenga la certificación LEED, un estándar internacional que evalúa el desempeño ambiental de las construcciones.

La contratación de Pelli fue otro de los grandes desafíos. El funcionario recordó que, además de conseguir el compromiso del reconocido arquitecto, fue necesario resolver cuestiones administrativas y preparar una licitación que contemplara las exigencias técnicas de una obra singular.

“Se cuestionaba en ese momento que la arquitectura sea un arte. Hoy, con los resultados, creo que queda a la vista”, sostuvo.

El legado de César Pelli y la historia de Lola Mora

El edificio fue concebido para albergar y resignificar las seis esculturas de Lola Mora que pertenecen a Jujuy: La Libertad, Los Leones, La Justicia, La Paz y El Progreso, entre las obras que integran el conjunto. Originalmente, las piezas formaban parte de dos grupos escultóricos emplazados en el Congreso de la Nación.

Para Tejeda, uno de los grandes aciertos del proyecto fue la manera en que Pelli pensó la relación entre las esculturas, el paisaje y la experiencia del visitante.

“Estamos acostumbrados a conocer la obra del señor de los rascacielos, como se lo conoce mundialmente a César. Acá hay un manejo de la escala y de las sensaciones que realmente es magnífico”, describió.

El recorrido comienza en un espacio reducido, rodeado de naturaleza, y continúa a través de un puente que el equipo denominó “el puente que une el pasado con el futuro”. A partir de allí, el visitante se encuentra con las esculturas en un entorno vidriado, con el paisaje y el cielo jujeño como telón de fondo.

Pelli sostenía que las piezas habían sido concebidas para estar al aire libre y que no debían quedar encerradas. Esa idea fue central para diseñar un edificio transparente, en el que la arquitectura no compite con las esculturas, sino que las integra al entorno.

“Cada una de esas esculturas ya en Jujuy tuvo otro significado distinto al del Congreso de la Nación. Eso es parte del recorrido y de la historia que se va descubriendo”, explicó Tejeda.

El funcionario también recordó una de las anécdotas que marcaron el inicio del proyecto: la admiración que Pelli sentía por Lola Mora. Según contó, el arquitecto visitaba la Fuente de las Nereidas cada vez que viajaba a Buenos Aires, una relación con la obra de la escultora que ayudó a despertar su interés por el encargo jujeño.

“Fue Lola la encargada de convencer a César”, relató. A eso se sumó un vínculo personal con la provincia: Pelli había pasado su luna de miel en Jujuy y se había alojado en el Hotel Alto La Viña, frente al predio donde hoy se levanta el centro cultural.

ARQUITECTURA. La última obra de César Pelli combina diseño contemporáneo, paisaje y patrimonio artístico en Jujuy. / CENTRO CULTURAL LOLA MORA

Un espacio cultural que convoca al norte argentino

Además de su propuesta arquitectónica, el Centro Cultural Lola Mora busca convertirse en un espacio activo para las distintas expresiones artísticas de la región. El complejo cuenta con sectores destinados a actividades culturales, un anfiteatro, un espacio de lectura y una propuesta gastronómica.

Tejeda destacó, en particular, la participación de visitantes de Tucumán y Salta, que llegan atraídos por la recuperación histórica de la obra de Lola Mora. También mencionó la presencia de público nacional e internacional interesado en conocer la arquitectura de Pelli.

Entre las actividades recientes, recordó la presentación espontánea del coro de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán, que sorprendió a los visitantes con un pequeño recital en el espacio central del museo.

“Es lo que hace que sea un espacio vivo, con actividades cotidianas y que las distintas expresiones artísticas que tenemos en el norte argentino puedan encontrar en el museo su lugar”, sostuvo.

El proyecto también busca visibilizar a quienes participaron de su construcción. Hasta fines de octubre, una muestra fotográfica del artista Fabián González reconstruye el trabajo de los distintos oficios que hicieron posible el edificio, desde los picapedreros y albañiles hasta los herreros.

Otro de los aspectos que Tejeda considera centrales es la apropiación del espacio por parte de los propios jujeños. Según contó, muchos regresan con amigos y familiares o incorporan el museo a sus recorridos habituales.

“Hoy los jujeños nos sentimos orgullosos de lo que se ha logrado”, afirmó. La transparencia del edificio, agregó, ofrece experiencias diferentes según la hora del día y las condiciones climáticas, una característica que invita a volver.

Para Tejeda, el reconocimiento de la obra trasciende el valor arquitectónico y representa una oportunidad para fortalecer la identidad cultural de la región. “El norte argentino se tiene que encontrar en esta gran obra, en este gran legado para el inicio de una recuperación cultural que realmente desde el norte nos merecemos”, concluyó.